Los efectos secundarios de la ayuda económica a África Print
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15 abril 2009  

 

El dinero de los países ricos que llega a África en forma de ayuda económica al desarrollo ralentiza el crecimiento económico y acaba por fomentar más aún la pobreza. Es la tesis que defiende Dambisa Moyo, economista procedente de Zambia, que ha trabajado con organizaciones financieras como Goldman Sachs. Su visión la comparte emsimision, que más allá de enviar dinero de forma masiva, apuesta por invertir en proyectos muy concretos, con el objetivo de formar a los propios habitantes para que tomen responsabilidades en su propio entorno.

Redacción: emsimision. Fuente: Dambisa Moyo, Wall Street Journal

 

 

“Millones de personas se manifiestan a favor de aumentar las donaciones al continente africano y los famosos hacen ‘proselitismo’ sobre la gran necesidad que hay de ello”. Dambisa Moyo describe como “las llamadas a la ayuda se hacen mayores, con mucha gente presionando para que se doblen los 50.000 millones de dólares de asistencia internacional que llega a África anualmente”. Pero todo esto se contrapone a unas consecuencias muy diferentes de las esperadas: la ayuda económica masiva lleva a aumentar aún más la deuda pública de los países receptores, ha disparado su inflación, a la vez que causado más conflictos civiles. Los datos apuntan a una teoría muy contundente: “Estas ayudas son un desastre político, económico y humanitario”, dice Moyo.

 

Es un imperativo moral ofrecer ayuda cuando es urgente, como después de los tsunamis de 2004 en Asia, argumenta el economista. “Este tipo de ayuda es necesario para aliviar el sufrimiento inmediato”, pero “por su propia naturaleza, no puede ser la plataforma que ayude a un crecimiento sostenido”, explica el economista zambiano.

 

Juventud en Yacma, Burkina FasoLa problemática está en los numerosos casos en los que se da un flujo anual de ayudas de países ricos a pobres, en un plano “de gobierno a gobierno”. Mientras este tipo de ayudas han ido creciendo, la renda per cápita en los países receptores se ha hundido hasta situarse por debajo de las cifras de la década de los 70. Además, pese a las importantes ayudas económicas, la cifra de personas que viven con menos de un dólar al día –“más de 350 millones”- se ha multiplicado por 2 en los últimos 20 años.

 

Aunque suene raro, es una realidad: más ayudas pueden llevar a más pobreza. Ya lo citaba en 2005 el FMI (Fondo Monetario Internacional), con un informe titulado “La ayuda económica no aumentará el crecimiento de África”. Se recomendaba ir con más cuidado a la hora de preconizar que un aumento de las donaciones solucionarían los problemas de África. A esta alerta, sin embargo, no se añadieron, según Moyo, “muchos esfuerzos serios para apartar a África de esta droga debilitadora”.

 

 

La corrupción no debe nutrirse de ayudas

Como es fácil deducir, uno de los principales inconvenientes de destinar grandes ayudas económicas a África es que una parte importante de ese dinero no llega a su destino lógico. Se ‘pierde’ por el camino. Según Jeffery Winters, un profesor de la Northwestern University, tan solo las ayudas del Banco Mundial han corrompido 100.000 millones de dólares que tendrían que haber ido destinados a desarrollo humanitario.

 

Esto sucede en muchos casos porque las organizaciones donantes no se han parado a analizar realmente qué pasa con estas grandes cantidades de dinero, que en principio estaban destinadas a mejorar la situación de los más pobres. Dambisa Moyo pone el ejemplo de la Rep. Dem. del Congo, donde poco después de que un experto avisara de que la corrupción había llegado a límites insospechados, el gobierno recibía del FMI la mayor ayuda económica que jamás ha visto un país africano. El resultado no podía ser otro: Mobutu Sese Soko, presidente del país entre 1965 y 1997, ha robado en todos esos años un total de 5.000 millones de dólares.

 

En todo caso, “la situación ha mejorado”, explica Moyo. Las cantidades que acaban en los bolsillos de los gobernantes son menores, y las acusaciones llegan más rápidamente a juicio. Esto se demuestra, por ejemplo, con los procesos abiertos a los ex presidentes de Malawi y Zambia.

 

 

 

Voluntarios españoles y burkinabeses en una reuniónReducir la dependencia

Según Moyo, pues, el objetivo prioritario de los países africanos debería consistir en luchar por tener gobiernos transparentes y responsables de sus actos, que conecten con las necesidades sociales del país. La gente necesita poder trabajar, y tener esperanza en un futuro mejor, dentro del propio país. Y para ello, el dinero exterior se convierte en un inconveniente.

 

Una constante entrada de “recursos económicos gratuitos” desde los países occidentales es la mejor forma de mantener en el poder a gobiernos ineficientes. Los políticos nacionales no se ven obligados a actuar por sí mismos, y pasan a depender totalmente del dinero que regularmente llega desde fuera. Moyo explica que así “se anima a los países a levantar el teléfono y pedir la siguiente inyección de capital” cuando la situación nacional empeora, en lugar de tomar cartas en los asuntos. Des esta forma, explica el experto, se ha llegado a que un 70% de los fondos que manejan los países africanos provengan de la ayuda exterior.

 

El flujo continuo de dinero no permite que los países empiecen a ser dependientes de sí mismos. No se toman acciones para fomentar la economía propia, no se dan responsabilidades a los ciudadanos, no se ponen estrategias propias para dar un empuje al país.

 

Moyo pone un ejemplo para ilustrarlo. En una localidad, una pequeña empresa se dedica a la fabricación de redes ‘anti-mosquito’. Tiene 10 trabajadores, que mantienen a sus familias, un total de, digamos, 150 personas. De repente, una donación extraordinaria del exterior reparte 100.000 redes gratuitamente. ¿Qué sucede? Desaparece la empresa productora local, que no puede competir con las redes gratuitas, así que estas 10 familias pierden sus ingresos. Además, las redes, tras dos años, dejan de ser útiles, pero ya no se pueden volver a comprar, porque la industria desapareció, así que la situación acaba siendo peor que antes de que llegara la ayuda exterior.

 

Situaciones similares pasan en otros ámbitos, como la alimentación. ¿Por qué se invierten las ayudas económicas en comprar comida a granjeros de EEUU, en lugar de comprar esos alimentos al granjero africano, y evitar así que pierda su puesto de trabajo por falta de demanda?

 

Cuando las ayudas frenan el comercio

Otro problema de las grandes entradas de dinero en un país en vías de desarrollo es el efecto conocido como “dolencia holandesa”. Las sumas entrantes hacen subir los precios de los productos internos, lo cual afecta negativamente a la exportación, ya que la hace menos competitiva. Así, según Moyo, “se acaba matando el sector exportador del país”.

 

Otra consecuencia negativa más de recibir grandes cantidades de ayuda económica, es que los inversores extranjeros suelen ignorar los países que dependen claramente del exterior. Un país que no se puede mantener de pie por sí solo no es interesante para crear nuevas empresas.

 

Una última contradicción de la ayuda económica masiva es que, aunque sea indirectamente, provoca enfrentamientos violentos. Llegar al poder se convierte en un objetivo muy jugoso. Cualquier grupo social sabe que si lo consigue, se asegura, entre otras cosas, un paquete de ayuda económica de países ricos, que estará a su completa disposición. 

 

 

Conclusión: Hay que fomentar la iniciativa propia

Curso de formación sobre Diabetes, Burkina FasoHay una importante suma de razones que llevan a la conclusión que las ayudas económicas masivas a países africanos no solo no aportan lo necesario a los receptores, sino que se acaban conduciendo, además, a un círculo vicioso que arrastra a los países dependientes hacia una situación de la que es cada vez más difícil salir.

 

La solución es clara, según Moyo. Los gobiernos africanos tienen que empezar a moverse por sí mismos, promoviendo la economía con acciones concretas, como la reducción de impuestos para atraer nuevas empresas (Sudáfrica y Botswana están siendo buenos ejemplos). Deberían centrarse, también, en mejorar mucho su comercio exterior. “Y los países desarrollados”, concluye Moyo, deben “ayudar cortando el ciclo de ‘dinero a cambio de nada’. Es tiempo para un cambio”.

 

El artículo en el Wall Street Journal (inglés)     

 

 

 

 UNA VISIÓN COMPARTIDA POR EMSIMISION 

 

Médicos de emsimision junto a médicos localesDesde emsimision, estamos de acuerdo con el diagnóstico que hacen los expertos que creen que la solución para las personas que viven en África no está en enviar dinero de forma masiva. Consideramos que las grandes sumas con objetivos dispersos acaban yendo en contra del desarrollo de las sociedades, como explica Moyo.  

 

Por tanto, creemos que la ayuda que podemos ofrecer debe apoyar proyectos concretos, que se basen en una acción directa sobre el terreno. La cooperación debe hacerse con máxima transparencia,  y ha de haber un buen conocimiento del grupo de personas que reciben y gestionan las donaciones.

 

 

El riesgo de las grandes organizaciones humanitarias es que mueven grandes cantidades de dinero, y pueden correr el riesgo de caer en un activismo obligado precisamente por la gran cantidad de recursos que manejan. Eso puede llevar a que la ayuda humanitaria se acabe enfocando en proyectos demasiado amplios, y por tanto, diluidos, que implícitamente cuentan entre sus objetivos el recibir el reconocimiento público que mantenga el nivel de donaciones. Además, esta ayuda humanitaria puede acabar dedicándose solo a grandes urgencias o desastres naturales que reciben la atención de los medios de comunicación.

 

 

Nuestro objetivo es romper con algunas de estas dinámicas y centrarnos en proyectos en los que podamos invertir la ayuda no solo en socorrer la urgencia, sino trabajar para que los habitantes de la región puedan disminuir su nivel de dependencia del exterior. Se trata de poner en marcha planes que también miren al futuro, y el futuro pasa por la formación.

 

 

Médico de emsimision charla con voluntarios y pacientePor último, creemos que el involucrarse personalmente con quienes reciben la ayuda no sirve solo para que se cumplan los objetivos humanitarios, sino también para ofrecer una ayuda integral, que incluye el mostrar interés por las necesidades espirituales de las personas, que creemos que Dios puede satisfacer.

 

 

En conclusión, pues, nuestra ayuda quiere ser integral y transparente, con objetivos muy concretos, y enfocada en las personas. El énfasis está en fomentar que las propias personas que reciben la ayuda vayan tomando responsabilidades en sus comunidades, para que contribuyan activamente en el desarrollo del lugar donde viven.