Hasta pronto Zongo from emsimision on Vimeo.
Dámaris y yo, junto con los estudiantes de medicina Ezequiel y Robinson hemos salido muy temprano en dirección a Zongo. Hoy era nuestro último día de consulta para los pacientes que fueron operados de cataratas y nos despediríamos de nuestra familia, la familia de Mohamed. Llegando a la aldea salían niños de todos de todos los rincones que corrían detrás de nuestro 4 x4, entonando la más bella canción que conmueve mi corazón, Nasara, Nasara, Nasara, (blancos, blancos,blancos), sus voces angelicales, corriendo descalzos, detrás de nuestro coche hacen una nube de polvo… quisiera guardar ese momento, pues estoy anhelando regresar y todavía no me he ido!!
Al llegar al Centro Médico Bethania, nos esperaban muchos pacientes y en sus caras se reflejaba una amplia sonrisa, señal inequívoca de que el resultado había sido extraordinario!! Saludamos a los pacientes y estrechaban nuestras manos muy fuerte, manos ásperas y trabajadas a la vez, que nos decían cosas que no entendíamos pero por su efusividad, sólo podía ser lo que nos traducía Yasón: “Muchas, muchas, muchas gracias. Que Dios os conceda una larga vida, llena de salud. Que regreséis con bien a vuestra tierra. Que Dios os bendiga a vosotras y a vuestras generaciones”. Este ritual era con cada paciente, pero a medida que saludábamos, nos sentíamos inmensamente afortunadas por recoger el fruto del trabajo de un grupo de personas, que un día decidieron adecentar un Centro Médico gris y polvoriento e improvisar un quirófano, valió la pena el esfuerzo en limpiarlo y ordenarlo todo, este es el resultado de vuestro trabajo, médicos, instrumentistas, enfermeras, anestesistas, auxiliares y Mc Giber’s. Me hubiera encantado que hubierais sido vosotros también los que estrecharais sus manos!!
A medida que pasaba el tiempo en la consulta nos emocionábamos más, algunos preguntaban cuándo volveríamos, para poder operar su otro ojo de cataratas. No somos merecedoras de tanta gratitud!! El resultado de las consultas es espectacular!!

Ahora tocaba la parte difícil del día, despedirnos de nuestro pequeñín, fuimos caminando hasta su humilde hogar, y estaba como el día anterior, como un Faraón, envuelto en sábanas relucientes. Mirábamos al niño y en nuestro interior, dábamos gracias a Dios por su vida y le pedíamos que lo guardara como un tesoro, ojalá lo volvamos a ver en nuestro próximo viaje. El hermanito mediano Isaka, que había sido arisco con nosotras se hizo hueco en nuestro banco y nos regalaba sonrisas que dejaban ver sus primeros dientes, estaba encantador jugaba con nosotras, se reía, su comportamiento había cambiado. El matrimonio agradecido y radiante de felicidad. El temor del marido y las oraciones para que su mujer no le abandonara por ser pobre también habían sido escuchadas. Ahora seguían unidos en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza.
De camino al coche, un grupo de niños estrujaba mis manos y se peleaban por coger mis dedos. Eso es bastante habitual, pero tardaré mucho tiempo en volverlo a experimentar, e intentaba disfrutar de ese calorcito tan indescriptible, me emocionaba por momentos, los niños se peleaban y le pregunté a Yasón que decían y me dijo, te vas a poner triste… dímelo, por favor, los niños decían: “los blancos, se van!!”. Me partió el alma. Hemos sido su consuelo durante unas semanas y ahora toca partir. El último día en esta aldea es de los peores momentos de mi vida, te cuestionas si vale o no la pena, si lo has hecho bien, te compadeces, tienes sentimientos de impotencia por no poder mejorar la situación y a la vez nace desmesuradamente la pasión por ellos, de seguir trabajando por su salud, por su desarrollo y por tanto trabajo que queda por hacer!!






























































































